jueves, 31 de marzo de 2011

Retratos

Los mapas ahora versan tu regreso.
Aún no sana el destierro, y cada vez más fronteras surgen de los mantos.
Tu rastro dura miles de auroras, desde entonces, el derrumbe de los huesos.
Resurgen llamas y tras ellas cenizas que inundan la zanja.
Perlas ya caen, el invierno llega y la corteza muestra sus cauces.
Estampas bajo el brote y el albor.

Murallas

Vestí con su mirada por sólo unos segundos.
Le supe recorriendo los contornos que llenan mi espacio y le vi sonreír.
Entonces me desviví en la lucha del sístole contra el diástole,mientras mi cabeza reposaba en su regazo y mis dedos pintaban fronteras en sus muslos.
Su cabeza en mi costado y su respiración en las venas.
Sería yo la migaja después del asalto, pero qué miga no desea ser tentada.
Roces frente a la creciente bruma que cegaba al tacto, incitando al encuentro prolongado.
En cada yema explotó el éxtasis con el ropaje, queriendo siempre migrar al terso manjar.
Aromas que se concentran en sonrisas, miedos que giran la flama, pero no la apagan.
Y al final, el reencuentro con la visión, recostados, inmersos el uno en el otro, recordando fronteras, rompiendo murallas.

sábado, 19 de febrero de 2011

Olivos en el Vaho

No habrá más monólogos para ti frente al espejo. ni rosas a la espera del domingo.
No habrá ya miradas de sosiego, ni caricias que amparen tus manos.
No habrá más besos a tus ausentes labios en el vaho del vidrio.
No habrán trenes, cartas, flores ni poemas.
Sólo lágrimas que te deshagan en lamentos.
Jamás estaremos en la península aquella bajo los olivos. Olvídalo.

De la permanencia

El frío del suelo. El trastabilleo a la puerta. El corredor. El rechinar de la llave. Un aguacero. Su piel desnuda. Las gotas que resbalan. Las lágrimas que resbalan. El goteo a su paso. La ropa planchada. El desayuno frío. El café hirviendo. El primer cigarro del día. Las llaves. La puerta. La calle. El segundo cigarro del día. La llegada a la estación. Las flores recién compradas. La espera que se prolonga. El primer tren. La multitud que golpea. La mano en el cuello. El ojo en el reloj. El tercer cigarro. El segundo tren. El único asiento para la espera. De nuevo el reloj. Las flores sobre la silla. Las flores sobre la silla. El andar desconcertado. El cuarto cigarro. Las lágrimas que resbalan. El tercer tren. La multitud que golpea. El corazón estalla. El anden vacío. El quinto cigarro. El zurco en el suelo. El sexto cigarro. El último tren. La multitud que no golpea. El anden oscuro. El séptimo cigarro. Las flores en la basura. El coraje que no resbala. La calle. La puerta. Las llaves. El octavo cigarro. El café hirviendo. El noveno cigarro. Los pies descalzos. El frío en el pecho.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Al Alba

Siempre me negué a tenerte.
Todo a distancia, tú , el horizonte, jamás podría alcanzarte.
Cada noche que te pensaba era embarcarme en un mar de letras, de guiños y mensajes en botella que se adivinaban a lo lejos.
Había veces que no me bastaba con pensarte e imaginarte a un lado, entre las aguas, y sólo entonces te llamaba, te nombraba.
Rodeos, juegos y acertijos que terminaban en naufragios, ambos satisfechos, ambos perdidos.
Al principio te empeñabas en verme, y mis negativas te sorprendían con horas de espera, después de tantas caricias pospuestas comprendiste, nunca me rozarías.
Te distinguí, una noche, entre la marea, allí estabas, pude sentir que había encallado, esta vez no habría escapatoria.
Jamás estuvimos, amor, tan cerca como aquel día. Me lancé ante aquel mar de incógnitas, dispuesta a ahogarme, me tenías, allí, un palmo de tus labios.
Adiviné el horizonte en tus ojos y sucumbí a la corriente.

Ahora te he vuelto a ver, recuerdo aquel día, aquella marejada en la que pensé nos fundiríamos en espuma, espuma eterna; ahora tan distante, aquella corriente me devolvió a la orilla y allí, varada, dibujo mi horizonte al alba.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Pastel de Tiramisú

Pude sentir el frío del congelador en mi cara, justo cuando mi hermano se disponía a abrir la puerta trasera de la cocina.
Un momento después, a mis espaldas podía escuchar un canto conocido, que era de esperarse, pues aquella no era una fecha cualquiera. " Estas son las mañanitas que cantaba....", no hace falta seguir.
Me giré y lo primero que vino a mi mente, "Las mismas mañanitas vacías de hace unas horas, que molesto, pero esboza tu mejor sonrisa, que ellos no tienen la culpa"
Sonreí, tome la cajita de plástico transparente en la que venía tan deliciosa rebanada de pastel, " Tres leches pensé, qué rico, si no tengo seis años" me dediqué a mirar la velita blanca y pequeña con su fuego ondulante que danzaba al ritmo de esas mañanitas interrumpidas y deformadas por los tres ávidos cantores.
Mi sonrisa siguió intacta hasta el final de los aplausos, las porras sin terminar y uno que otro chiflido, el momento esperado, "sóplale a la velita y pide un deseo".
Miles de cosas cruzaron por mi mente, éxito profesional, paz mundial, comunicación familiar, libertad, amor, dinero, gustarle a chuchito o menganito, un deseo más, una vida próspera, un mejor cumpleaños,al final soplé con la mente en blanco .
Miré a la velita con desprecio,y de pronto una oportunidad más ante mis ojos, la llama volvió a encenderse.
"¿Es una vela mágica?" pregunté, los tres asintieron con un gesto de complicidad que sólo en pocas ocasiones felices he podido ver.
Bueno, pensé, así puedo pedir otro deseo, mejores calificaciones, dormir más, menos tarea, prosperidad para el negocio, ya no más crisis, ganar el concurso de creación literaria,"¡sopla ya!", una vez más soplé con entusiasmo pero sin un deseo en mente.
Era una broma acaso, por qué no podía desear nada bien, en concreto, escuchaba las voces de los tres, mi hermano, mi madre y el empleado, pero no tenía idea de que decían, una flash sobre mis ojos y como chispa fortuita, la vela volvió a encenderse.
Una risa con más aires de sarcasmo que de gracia salió desde mi estómago.
"¡Una oportunidad más!" grité fingiendo el entusiasmo y vislumbre la cara de felicidad y de éxito en todos los presentes.
Otra oportunidad, pero que generosa vela mágica, lástima que mi corazón y mi mente no le correspondían, ni un solo deseo surgió, un soplido más rápido esta vez, ya no me importaba.
Pero la dignidad de oficio de aquella mágica vela no terminaba allí, se prendió una vez más, con dificultad, pero lo hizo, lo sabía, se burlaba de mí.
Pues está bien, pensé, mientras los conmovidos espectadores reían sutilmente; al parecer ésta sería la última oportunidad, una mirada de soslayo a la puerta y a la ventana, ceciorándome de que ni una sola ventisca amenazara con apagar la oportunidad.
¿Qué más podría desear?, muchas cosas acudían a mi mente como furiosos galgos buscando llegar la final de la meta, y sólo uno logro cruzar la barrera que frenaba el paso de los deseos reprimidos, sólo uno pudo ser pensado con claridad y escogido con decisión, entonces inflé mis pulmones, tanto que podía sentir que el aire se me escapada por los poros y soplé.
Al tiempo en que el aire salía de mi boca conjuré el deseo y la vela por fin se apago, ahora para siempre.
Otro flash que me cegó por unos segundos, y después pude mirar la vela que ya no se volvería a encender, una vela que parecía plácida y sensata. Una alegría extraña, más parecida a satisfacción, se apoderó de mí y se terminó mostrando en una cálida sonrisa que cayó en el momento exacto para ser capturada por la foto que ahora embellece, como dice mi madre, el tocador de su cuarto.
Entonces me dispuse a probar aquel pastel, y cuando estaba a punto de hacerlo, escuché la voz de Joaquín, el empleado, "Sabes de qué es", me encogí de hombros y respondí  "De tres leches, ¿no?", "No, es de Tiramisú".
Asentí sin mucho interés y miré aquella hermosa rebanada, el café y el blanco se fundían bajo la fina espolvoreada de chocolate, tomé la cuchara, y la deslicé separando un pequeño trozo, lo llevaba a mi boca, cuando aquel olor dulce inundo mis sentidos y dentro de mí, un río de ansia se desbordaba sobre ese pequeño y esperado trozo, lo probé.
Mientras mis sentidos se perdían en la inmensidad de aquel sabor, supe que ya no sería la misma, no más, algo en mí jamás volvería, era ahora, a mis diecisiete otoños, que por fin había dejado la niñez atrás,era ahora el momento de cambiar tres leches por tiramisú.
Me sorprendí descubriendo en el tiramisú el sabor de mi deseo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Hasta cuando

¿Cuántas cosas pasan cuando nadie nos ve?
¿Cuántos gritos no ahogamos en la almohada esperando no ser escuchados?
¿Cuántos pensamientos no reprimimos para evitar ser juzgados?
¿Cuántas veces fingimos no llorar para evitar ser vistos?
¿Cuántas veces no nos ocultamos esperando que alguien nos halle?
¿Cuántas vidas pretendemos vivir, menos la nuestra?
¿Cuánto tiempo pensamos esperar para que alguien lo entienda?
¿Cuántas veces escribiremos esto?
¿Cuántas veces calmaremos nuestro enojo, nuestra frustración, nuestra locura?
¿Hasta cuándo dejaremos de fingir y enfrentaremos lo que nos pasa?
¿Cuántas veces más gritaremos en silencio  nuestro enojo?
¿Cuántas veces caeremos en esa falsa calma?
Si llorar no es la solución, si gritar no es la solución, si no hayamos consuelo ni refugio en las palabras
¿Qué nos queda entonces?
¿Qué me queda ahora? Si mil pergaminos explicándolo no aliviarán el peso, si mil confesiones se irán con el tiempo, si mi vida se escapa entre las manos de mis verdugos.
¿Qué me queda entonces?
Y no quiero morir, no soy tan cobarde, y no quiero escapar, pues no soy tan valiente, sólo deseo hacer lo que hasta ahora siento  jamás he podido, y eso es vivir.
Vivir plenamente, decidir, equivocarme, caerme, fracasar, triunfar, lo que conlleve,pero vivir.
Si los sabios parecen tontos, si las palabras parecen dagas, si los actos no llevan a nada.
¿Qué me queda entonces?
¿Hundirme en esta celda que es mi cobardía?
¿Dejarme caer en el fracaso de mis sueños?
¿Ver pasar todos lo que quise hacer y no me atreví?... ¿Y si prevengo todo esto?
¿Y si cuestiono lo que creen correcto?
¿Y si me atrevo a seguir escribiendo?
Pero no, ahora es cuando me acomplejo y me doy cuenta cuan voluble puedo ser.
Y que lastima que lo sepa, que lo sienta y que simplemente  haga lo que mejor se hacer, callar cuando no debo.

lunes, 25 de octubre de 2010

De la torpeza y los recuerdos desenterrados

Una lata de refresco frente a mí, el libro "La Sombra del Viento" a un lado y los hermosos acordes de los Beatles estallando de mi computadora, son las 10:34

Y hablo contigo, sí, contigo, más bien te leo y te escribo, como hace un año lo hacía, claro que hace un año era de madrugada y jugábamos a preguntar tonterías, esperando saber más de ti y de mí en cada respuesta.
Y ahora hablamos de sentimientos, personas, y momentos vivos en el recuerdo pero lejanos en el tiempo.
Y escucho a los Beatles siendo que ellos fueron lo primero que vi en ti, qué gran tortura.
Y este escrito no busca tristezas, ni esconde intenciones, o tal vez no muchas, lo único que busca es poder desahogar gritos frustrados por mi mente torpe en momentos de debilidad, busca calmar lágrimas aferradas que aún después de una linda charla y muchas disculpas no se logran disipar.
Sí, tú, ya sabrás que hablo de ti y qué mejor que lo sepas, después de todo te debo tanto y te quisiera cobrar más, pero ya no es tiempo de eso, de nada más que sonrisas de amistad, abrazos inocentes y besos en la mejilla que no pasarán de allí, y menos en una banca azul debajo de la sombra de árboles cómplices y de cielos claramente azules para ti y para mí.
Tal vez no habrá más juegos de mesa en un café, ni tus manos tomando las mías bajo la mesa, tal vez no habrá más espiar entre las cortinas del teatro buscando tu rostro difuso entre la gente, ni habrá más personajes pícaros de películas de otras galaxias, ni haya más esperar a partidos de fútbol por la tarde, ni habrá más horarios que aprender, ni encuentros que fingir, ni mensajes que mandar, ni tendremos que descifrar miradas a lo lejos.
Pero siempre habrás tú y habré yo en cada uno de los dos, siempre habrá tu primer beso, tu primer abrazo y tu primer te quiero, siempre habrá el recuerdo de las mariposas en el estómago, que ahora migran, y por siempre habrás tú en mi sueños, anhelos y plegarias.
Me dijiste que tarde nunca era para decir estas cosas, aunque yo me aferraba, pues más que tarde era injusto, para los dos.
Pero ahora, yo, egoísta, te escribo esto y no más, pues mis palabras se resbalan en lágrimas, y mi corazón se deshace en el mismo palpitar de cuando me tapaste los ojos por primera vez o cuando me mirabas risueño al otro lado de la cafetería, que en ese momento se convertía en mi paraíso.
Lamento mi torpeza, más por mí que por ti, pues ahora tu recargas tu cabeza en alguien y yo la reclino en recuerdos, pero no se trata de mí, se trata de ti, de tú belleza, de tú cortesía y de tu casi perfección.
Te quiero infinitamente por enseñarme a no dudar, y a arriesgar y te quiero aún más por haber existido en mí y seguir exisitiendo el resto de mis días.
Espero no causar malestares, ni dolencias y te escribo porque a pesar de mi hablar fluido, este tipo de palabras no salen tan fácil.
Hubieras, hay muchos, pero sólo tú el más grande y querido de todos.

miércoles, 20 de octubre de 2010

A prueba de mí

Porque mi maquillaje no es a prueba de lágrimas, ni mis lágrimas a prueba de olvido.

Las ojeras prometen el desamparo de los sueños y el alba promete un nuevo día.
Este esbozo de sonrisa creada, esta risa alargada, estos risueños matices en mi cara, dulces máscaras de una ironía maldita que atormenta y exprime sin dar reparo del llanto que retoza, frío.

Árboles, niños, macetas, carros, siluetas, colores, edificios, umbrales, faroles, pasan al filo de mis ojos cristalinos , uno tras otro y otro, sin cesar, minutos que van y no vuelven, segundos que se pierden en el amargo sonar del tiempo.

Manos absurdas que cubren mi cara confusa, censurando el gemir, tallando crudeza, surcando piel virgen de alegrías.
Vislumbrar pureza, encontrar el punto de equilibrio entre el "bien" verdadero y el "bien" fingido, buscar las raíces del ceño fruncido.

Semillas ácidas del pavor, palidez de aliento y un reflejo a prueba de mí.

martes, 5 de octubre de 2010

Homo Bobus

Te miro una vez más sentado frente a tu cuaderno en blanco, juegas con las plumas y los lápices, los paseas por todo el pupitre y yo escondiéndome tras el cuaderno, tratando que no me veas.

Y de pronto me miras, pero es una mirada tan fugaz que ni siquiera alcanzarla puedo, cuando vuelves sobre mí y detienes ese hermoso iris, puedo sentir como el rubor se esparce por todo mi cuerpo y no soporto la verguenza, sonries, en ese momento desfallezco.

Aún entre la multitud de los pasillos puedo verte platicar y sólo paso a unos centímetros de tí, esperando escuchar una palabra tuya.

Puedo pasar horas enteras pensando en tu cara, tu voz, tu mirada. Y se que ya es suficiente, cómo puedo hacer para escaparme de tu encanto, cómo puedo evitar preocuparme por este sentimiento que me llena y es capaz de dibujar mil estrellas en mi sonrisa.

Soy una tonta, lo soy, no puedo seguir así, pues no sé nada  de tí, mas que te amo.

Soberbia te acuso de ser un homo bobus y trato de convencerme que no tienes ni una pisca de entendimiento, todo un bruto, un necio.
Pero sólo dura unos segundos, este amor no me deja desprestigiarte, este amor no me permite desprenderme de tus manos que no me pertenecen.

Y ahora, al igual que todas las mañanas, me miro frente al espejo y me repito en voz alta, esperando estas palabras se graben en el reflejo: ¿Por qué no?, aunque se perfectamente que ese no es más grande que cualquier por qué.